Historias, relatos breves de laburantes del futbol. A veces ser futbolista no es un privilegio...

viernes, 5 de abril de 2013

VIVIENDA SI, HELADERA NO


Corría el mes de Agosto del año 2010, ya España era Campeón del Mundo y Argentina sumaba un nuevo fracaso en un mundial.
Estando en casa tomando mate, me suena el celular:
-Hola, están necesitando un jugador como vos en Mandiyú de Corrientes. Te dan el sueldo más la casa y la comida.
Pretemporada en la playa de la capital correntina.
-A lo que respondí, me puede interesar. Déjame pensarlo.
Luego de haberlo meditado con la familia, amigos y novia. Tomé la decisión de ir hacia la provincia del Chamamé y jugar en el Textil Mandiyú.
Corrientes, una ciudad muy tranquila donde la siesta, el gauchito gil y el tereré son sagrados, se paralizaba cada vez que Mandiyú jugaba de local.
El presente institucional del club no era muy auspicioso. Pero las ganas de seguir siendo jugador de fútbol y vivir de lo que a uno le gusta eran mas fuertes que uno.
Como les conté antes, el club se tenía que encargar de conseguirme la vivienda. Después de dormir una semana en un pabellón municipal,  llegó el llamado de un directivo para mudarme al departamento que el club me había conseguido.
Hasta ahí, todo estaba bien, lo que me habían prometido me lo estaban dando. Pero faltaba un pequeño detalle. La casa venia sin amueblar. Si, sin nada. Estaba pelada, le faltaba todo: la heladera, la cama, una tele y hasta unas sillas donde poder al menos sentarse.
Mi cabeza estaba por explotar. No puedo vivir así, decía.
Había dos posibilidades: O me volvía o me quedaba.
Casi sin motivos más que la pasión por el fútbol y por hacer lo que uno ama, me terminé quedando.
De a poco, con la ayuda de gente del club, fui amueblando el hogar.
Ya estaba casi todo, tenia la cama, la tele, muebles en el comedor y hasta un horno eléctrico. Pero faltaba algo importante, aún más en un lugar caluroso como el Litoral argentino. La heladera.
En ese mismo momento, me di cuenta la importancia que tenia dicho artefacto en la vida de una persona. Era muy difícil, todo se tenia que comprar en el momento, lo que sobraba se echaba a perder.
Al ver que el club no daba soluciones ante esta problemática, trate de darle una solución sin ponerme en gastos.
El tema del almuerzo y la cena estaba solucionado de entrada ya que el club tenia un arreglo con un restaurante,  todos los mediodías y todas las noches me llegaba la vianda con el menú pero era imposible vivir sin heladera.
No podía tener una leche o una gaseosa fresca a disposición, todo se tenía que comprar en el momento y terminarlo porque se echaba a perder.
Los días pasaban, los dirigentes seguían mirando para otro lado y  mi indignación era cada vez mas grande.
Por respeto a mis compañeros aguante el primer semestre y decidí irme.
Siendo jugador del ascenso, uno se va curtiendo con las situaciones que le hacen vivir pero créanme que la de vivir sin heladera no es para cualquiera. 

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