Corría el mes de Agosto del año 2010, ya España era Campeón
del Mundo y Argentina sumaba un nuevo fracaso en un mundial.
Estando en casa tomando mate, me suena el celular:
-Hola, están necesitando un jugador como vos en Mandiyú de
Corrientes. Te dan el sueldo más la casa y la comida.
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| Pretemporada en la playa de la capital correntina. |
-A lo que respondí, me puede interesar. Déjame pensarlo.
Luego de haberlo meditado con la familia, amigos y novia.
Tomé la decisión de ir hacia la provincia del Chamamé y jugar en el Textil
Mandiyú.
Corrientes, una ciudad muy tranquila donde la siesta, el
gauchito gil y el tereré son sagrados, se paralizaba cada vez que Mandiyú jugaba de local.
El presente institucional del club no era muy auspicioso.
Pero las ganas de seguir siendo jugador de fútbol y vivir de lo que a uno le
gusta eran mas fuertes que uno.
Como les conté antes, el club se tenía que encargar de
conseguirme la vivienda. Después de dormir una semana en un pabellón municipal, llegó el llamado de un directivo para mudarme
al departamento que el club me había conseguido.
Hasta ahí, todo estaba bien, lo que me habían prometido me
lo estaban dando. Pero faltaba un pequeño detalle. La casa venia sin amueblar.
Si, sin nada. Estaba pelada, le faltaba todo: la heladera, la cama, una tele y
hasta unas sillas donde poder al menos sentarse.
Mi cabeza estaba por explotar. No puedo vivir así, decía.
Había dos posibilidades: O me volvía o me quedaba.
Casi sin motivos más que la pasión por el fútbol y por
hacer lo que uno ama, me terminé quedando.
De a poco, con la ayuda de gente del club, fui amueblando
el hogar.
Ya estaba casi todo, tenia la cama, la tele, muebles en el
comedor y hasta un horno eléctrico. Pero faltaba algo importante, aún más en
un lugar caluroso como el Litoral argentino. La heladera.
En ese mismo momento, me di cuenta la importancia que tenia
dicho artefacto en la vida de una persona. Era muy difícil, todo se tenia que
comprar en el momento, lo que sobraba se echaba a perder.
Al ver que el club no daba soluciones ante esta
problemática, trate de darle una solución sin ponerme en gastos.
El tema del almuerzo y la cena estaba solucionado de
entrada ya que el club tenia un arreglo con un restaurante, todos los mediodías y todas las noches me
llegaba la vianda con el menú pero era imposible vivir sin heladera.
No podía tener una leche o una gaseosa fresca a disposición,
todo se tenía que comprar en el momento y terminarlo porque se echaba a perder.
Los días pasaban, los dirigentes seguían mirando para otro
lado y mi indignación era cada vez mas
grande.
Por respeto a mis compañeros aguante el primer semestre y
decidí irme.
Siendo jugador del ascenso, uno se va curtiendo con las
situaciones que le hacen vivir pero créanme que la de vivir sin heladera no es
para cualquiera.

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