Llegaba el momento de ir a préstamo a Deportivo
Merlo.
Merlo, un club muy humilde que en ese
momento transitaba por la tercera categoría del futbol argentino, tenía sus
limitaciones pero que esos problemas los trataba de suplir con el cariño de su
gente y de sus hinchas que trabajaban a pulmón por y para el club de sus
amores.
Cuando uno recibe el primer sueldo como
futbolista profesional no solo siente una gran alegría por haber logrado un
objetivo tan ansiado, sino también uno piensa que se van a dejar atrás las
incomodidades de un futbolista amateur y va a ser tratado como un verdadero
profesional no solo por recibir un sueldo, sino por que lo hagan sentir bien en
cuanto a las comodidades en su lugar de trabajo.
Para el futbolista las comodidades
consisten en tener un buen campo de entrenamiento, vestuarios acordes, sala de
aparatos, concentraciones, pelotas en buen estado, etc.
Pero en Deportivo Merlo, se complicaba
sentirse un profesional, solamente uno se sentía como tal cuando íbamos a las
oficinas céntricas que poseía la gerenciadora para cobrar nuestro sueldo que no
era de una fortuna ni mucho menos.
La cancha de entrenamiento de “El Remanso”
predio que pertenece al club, siendo generoso, era realmente un basural. Si, un
terreno abandonado en el oeste del conurbano bonaerense. Donde se podía
encontrar de todo, botellas, vidrios, basura, perros muertos, Piedras y hasta
autos abandonados. Ah, en el medio de todo este paisaje había dos arcos
enfrentados, que hacían suponer que existía una cancha. Realmente se debía tener
demasiada imaginación para creer que eso era un campo para practicar futbol.
Lo único que tenia eran los arcos, sin redes
por supuesto, las líneas eran de un lado los matorrales y del otro la zanja.
El vestuario era una casona abandonada,
cuando llovía era preferible cambiarse con paraguas. Eso si de vez en cuando
teníamos suerte y había agua caliente.
Sin
dudas, un lugar demasiado inusual para que entrene un grupo de jugadores
profesionales....G.P
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