Llegaba el momento de tomar una decisión difícil. Había dos
caminos o dejar el fútbol o dejar mi ciudad. La posibilidad que existía era
la de agarrar la ruta 9 y residir en Rosario.
El Club, un equipo humilde del barrio La Tablada, pero que ese año
apostaba al ascenso de la mano de una gerenciadora que aportaba sponsors y
dinero.
Todo estaba bien encaminado, habían llegado jugadores de
experiencia y se estaba armando un buen proyecto y un buen plantel, la ilusión
del ascenso estaba latente.
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| Gerenciador, Presidente y DT. |
Pero como todos sabemos, el deporte de alta competencia no es la matemática ni
alguna otra ciencia exacta.
El denominado “Proyecto” se fue desmoronando a partir de
que no se dieron los resultados, cuatro partidos: dos derrotas, un empate y una
victoria agónica e inmerecida.
Empezaron los cortos circuitos entre dirigentes, gerenciadora
y director técnico.
Esta pelea desembocó en la ida de la gerenciadora a cargo de un periodista y empresario y de
varios de los sponsors que aportaban al presupuesto.
El club no estaba en condiciones de hacerse cargo del
presupuesto y todo era confusión.
El vestuario ya se había hecho eco de este problema, se sabía
que iba a ser difícil estar al día y cobrar del 1 al 10 como cualquier
trabajador.
Pasaban los días, los meses y dirigentes del club no sabían
como resolver este inconveniente, estaban desesperados buscando gente que
quiera aportar dinero para salvar una posible quiebra o en el futuro inmediato
una inhibición.
La cuestión que ya eran cinco los meses atrasados, muy
difícil tener que vivir “aguantando el mango”, había que estirar los billetes y
a la hora de ir al supermercado empezar a buscar precios en todas las góndolas
al mejor estilo Lita de Lazari.
Cuando a uno le pasa esto, se pregunta una y mil veces ¿ Por que a mi? ¿Por que hay tanta gente en el fútbol que no sabe de fútbol?
Y son estas situaciones la que te terminan desenamorando a uno del fútbol en si, jamas de la redonda pero son los condimentos del fútbol (dirigentes, corrupciones, empresarios y barras) lo que hacen que no sea un plato fácil de digerir.
Pero volviendo a la historia, llegó el fin del campeonato y a su vez la estadía en la
ciudad rosarina.
Por suerte el final no es tan triste, llegaron los cheques de AFA y al final se pudo cobrar lo pautado pero esos meses viviendo de prestado o viendo a compañeros que tenían que "manguear" para llevar un plato de comida a su casa no se olvida fácil.

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