Cuando uno es chico y comienza a iniciarse en esto tan
hermoso que es el futbol, siente que son infinitas las posibilidades que se van
a presentar para poder triunfar y forjarse un futuro con la
"pelotita"; Pero igualmente se ve
lejana esa posibilidad a los 5 ò 6 años, entonces solamente
uno se dedica a jugar la mayor cantidad de horas posibles del día, con amigos,
conocidos, o simples compañeros de esos tan lindos equipos de baby futbol...
En esos tiempos no existen ambiciones económicas, no
existen pretensiones de lujos, no existe la mala sangre, solamente existen las
ganas de que termine el horario escolar para poder agarrar la
"redonda" y disfrutar.
A medida que pasan los años, las exigencias van cambiando,
los intereses son otros, los padres van tomando protagonismos que antes no tenían,
o al menos no demostraban; Inferiores, técnicos, arreglos, acomodos, pero aun
así,
nosotros seguimos pensando en jugar a la pelota y nada mas;
El punto es cuando ese "jugar a la pelota" se transforma en
"jugar al futbol"; Es allí donde cambia todo; EL FUTBOL; algo tan
sencillo como complejo, tantos intereses creados, en casi todos los casos, por
gente ajena a los 22 jugadores;
Entonces comienza a verse la otra cara de este deporte; los
caminos se cambian, se cruzan, se desvían, para bien o para mal, pero ya no es
lo mismo.
Muchos optan por seguir peleándola, cueste lo que cueste,
se dejan en el camino cosas que son importantísimas en la vida de un
adolescente, (amigos, novias, familia, salidas, viajes, estudios, etc.) pero
eso queda relegado a un segundo plano, con tal de que la "cruel y hermosa
pelotita" nos de un futuro mejor.
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